PREMIOS LLEDÓ

A hombros de gigantes. Visitas a las cúpulas de Málaga

Sánchez La Chica - Ruiz Cabrero - De la Torre Prieto

Málaga

Descripción

A hombros de gigantes

La situación inacabada de la catedral y la ausencia de tejado genera un espacio a modo de plaza elevada desde la que se puede contemplar una vista de trescientos sesenta grados sobre la ciudad que hasta ahora solo unos pocos habían podido disfrutar. Sin embargo, esta visita no se reduce únicamente a la contemplación de un paisaje desde el techo de Málaga, sino que gracias a la sucesión de sorpresas que acontecen a lo largo del ascenso, esta visita se convierte en un verdadero recorrido artístico. Una “promenade architecturale”, como diría el maestro Le Corbusier.

A lo largo del ascenso utilizaremos tanto amplias escaleras de trazas cuadrangulares como otras más angostas y con forma de helicoide. La precisa labra de las mismas nos demuestra el empeño de las sucesivas generaciones de canteros de la catedral en expresar su habilidad hasta en aquellos lugares que únicamente eran utilizados para labores de mantenimiento. No todas arquitecturas miman estos espacios, pero en la catedral, y como defendería el arquitecto victoriano Edwin Lutyens, si que lo están porque “Dios lo ve”.

Prácticamente a mitad del ascenso emergemos sobre las terrazas construidas sobre las capillas. En este lugar, y gracias a una ventana que históricamente se ha utilizado para ventilar la catedral en los meses más calurosos, podremos disfrutar de una sorprendente vista del interior del templo desde la altura.

También en este nivel y gracias al contraste entre las rudas fábricas del XVI y las sofisticadas labras del XVIII entenderemos qué partes son renacentistas y cuales son barrocas. Durante el ascenso y tocando la fábrica con nuestras propias manos podremos comprobar como los arquitectos del renacimiento construyeron el templo como una elevada fortaleza que se levantaba intimidante sobre la muralla de la ciudad. Una construcción defensiva de gruesos muros, con gárgolas en forma de cañón, cuyas puertas se abren entre torreones como las de una muralla, y donde las cornisas se inclinan para facilitar las labores defensivas de un fortín a orillas de un mar Mediterráneo aún entonces amenazado. Gracias a esta visión cercana de capiteles y cornisas que habitualmente percibimos a muchos metros de distancia, podremos entender como montada sobre esta fortaleza los arquitectos barrocos dispusieron una arquitectura palaciega que quiso estar repleta de torres con grandes balcones, y cuya fábrica está labrada con alegres motivos ornamentales.

Tras recorrer este mundo de escaleras y terrazas jalonadas por interesantes espacios abovedados, emergeremos sobre la cubierta, descubriendo la relación entre el templo y el castillo de Gibralfaro, la Alcazaba, los montes de Málaga y el mar. Apilados en este lugar descubrimos las cornisas y pedestales que nuestros antepasados no pudieron terminar de labrar, haciéndonos entender la frustración que seguro sintieron al interrumpirse los trabajos a los que muchos de ellos ya habían dedicado su vida entera. Este panorama de obra paralizada nos explica que nuestra catedral ni es manca ni es una ruina, sino que está sin terminar. También aquí la catedral nos explica que le falta el tejado al mostrarnos como las bóvedas emergen encajonadas entre unos muros que difícilmente permiten la evacuación de las aguas de nuestras escasas, pero torrenciales lluvias.

Y estando presente ya la arquitectura y el paisaje nos encargaron que diseñáramos un recorrido y que este fuera seguro al público. Como todo lo bueno ya estaba, el proyecto se redactó cumpliendo una premisa principal, la obra debería ser totalmente reversible, de modo que si en algún momento futuro se hiciera necesario desmontarla, no quedara rastro de ella. Una segunda premisa fue que la obra resultara lo menos visible posible, de modo que el protagonista de la visita quedase en exclusiva para la fábrica pétrea. Para hacer posible y seguro este recorrido se ha construido un sistema de barandas y pasamanos. También, y recibiendo al público a la salida de las escaleras a cubierta se han construido dos plataformas de madera a modo de pantalanes, que flotando sobre las bóvedas de la catedral sin tocarlas nos permiten descansar de la subida mientras disfrutamos del paisaje.

Para este cometido se eligió una paleta de materiales entre los que están los tradicionales y ya presentes en la catedral, como el hierro y la madera, y otros absolutamente contemporáneos, como unas sofisticas y fáciles de ocultar luminarias led y ligerísimas mallas trenzadas de acero inoxidable, las cuales resultaban adecuadas por su invisibilidad. Precisamente la gran dificultad de la obra ha nacido de las exigentes premisas de las que partíamos, conseguir elementos resistentes y seguros, invisibles y que en ningún caso perforaran la fábrica pétrea. Los más observadores podrán advertir como haciendo en algunos casos peripecias, todos los elementos instalados se anclan a las juntas entre sillares.

Pero no todo es reversible, contemporáneo o ligero. A diferencia del resto de la obra y ante la necesidad de instalar una baranda junto a la torre sur, nos pareció razonable repetir la monumental balaustrada de piedra construida por el maestro de obras Antonio Ramos a finales del XVIII junto a la torre norte.

Aunque visible desde la plaza del Obispo, nadie ha reparado en ella, y tampoco, en que hemos tenido el honor de terminar, un poco, nuestra catedral.

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