PREMIOS LLEDÓ

Rehabilitación para sala de exposiciones. Convento de Santo Domingo

Antonio Jiménez Torrecillas y Elisa Valero

Huéscar

Descripción

Tres años después de la llegada de los dominicos a Huéscar 1544, éstos se hicieron con un solar donde edificar su convento. El complejo conventual debió de ser trazado según los modelos entonces vigentes para esa clase de edificios: un organismo cuadrangular con cuatro alas en torno a un claustro central e iglesia adosada lateralmente. No se construyo mas que una parte.

La intervención para convertir una parte del convento abandonado en sala de exposiciones se realiza en una de las alas originales con artesonado de madera, posteriormente reforzado para ser usado como almacén de trigo y en la nave anexa que se encontraba derruida.

El proyecto respeta al máximo lo existente y trata de hacer una recuperación del espacio y adecuación a sala de exposiciones de bajo coste. Una puesta en valor por medio de unos muros blancos, que se regresan en la parte inferior para ofrecerlos como lienzos en los que poder colgar elementos y utilizarlos libremente como soporte, y desde su parte superior proyectar la luz hacia arriba.

El forjado, que estaba hundido se ha repuesto con una ondulación en la cara inferior que acústicamente funciona muy bien y se pinta de blanco, como los muros. Las carpintería se reutilizan filtrando la luz con alabastro.
Se incorpora una escalera nueva de acceso a la planta alta, una pieza ligera que contrasta con los elementos antiguos de la obra y tecnológicamente muy depurada, con peldaños retroiluminaodos de aluminio perforado que no llegan a tocar los muros.

Todo ello es un ejercicio de arquitectura donde se conjuga el respeto a los existente, la coherencia de los sistemas constructivos tradicionales y la fidelidad al propio tiempo, entendiendo que solo desde la contemporaneidad se puede actuar de forma autentica. Cuatro obras que atienden a las condiciones de sostenibilidad y creatividad que exige este siglo que ha de convivir con lo heredado, se reconozca o no su valor patrimonial. Reciclar la arquitectura es mucho más que restaurar o rehabilitar, es aceptar lo recibido y transformarlo sin renunciar a los valores esenciales de la arquitectura, sin renunciar a la luz y a la sombra, sin renunciar al silencio, sin renunciar a perseguir la difícil invisibilidad de la precisión.

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